¿Tiene que ver esta película con la educación?
La respuesta es: por supuesto. Para ponernos en situación, vamos con una breve sinopsis:
El protagonista es un joven estudiante de una familia pobre llamado Charlie Simms, que está becado en una prestigiosa escuela privada. Necesita dinero para visitar a su familia por Navidad, así que acepta un trabajo como acompañante de un militar retirado ciego, gloriosamente interpretado por Al Pacino, llamado teniente coronel Frank Slade, que es un hombre bastante huraño y amargado que llevará a Charlie a una aventura que le cambiará la vida y donde aprenderá lecciones valiosísimas del señor Slade. Hasta aquí todo bien, el problema está en que Charlie y un amigo suyo son los únicos testigos de una jugarreta que sus compañeros le juegan al director de la escuela, con la diferencia de que su amigo George es hijo de un benefactor de la escuela. El director de la escuela les monta un juicio delante de toda la comunidad educativa para que revelen la identidad de los culpables bajo la amenaza de echar a Charlie si no habla.
Esta película refleja lo injusta que es la educación formal a veces y lo valiosa que es la educación no formal. No hablando de que una institución no debería ser tan punitiva, buscando avergonzar y castigar al alumnado delante de todos por no querer traicionar a sus amigos. Una educación innovativa es aquella que valora la educación no formal y que entrena en la resolución de conflictos y la educación emocional, no imponiendo nada nunca. El señor Slade aparece por sorpresa en el juicio y planta cara a la institución dándonos un gran ejemplo de lo que es la escuela y cómo debería valorar la integridad.
Por supuesto la recomendación es ver la película entera y ese maravilloso tango que baila Pacino, pero para ahorrar tiempo os dejo la alegación de Slade defendiendo a Charlie:
Esencia de Mujer - Discurso sobre la integridad (VOSE)


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