¿Deberían los médicos y científicos estar al día de los últimos avances de la ciencia?
La respuesta resulta evidente, pues este "pensamiento científico" debería extrapolarse a la educación, porque no solo han cambiado los tiempos, sino que el alumnado resulta diferente al de hace 20 años, que es cuando un servidor entró en el sistema educativo. Por lo tanto los métodos se quedan obsoletos.
Hay que educar con empatía, y esto incluye la atención individualizada del alumnado, bajar del pedestal y ver cuales son los intereses y dificultades de las niñas y los niños, la cultura infantil de cada momento, y usar esa información para enriquecer la práctica docente, puesto que con motivaciones el aprendizaje es mucho mayor.
La legislación sobre la educación plantea un modelo bastante tradicional de la misma, pero eso no impide que con trabajo e ilusión se puedan introducir prácticas educativas en el aula, puesto que la ley no obliga a que la educación se base en una clase magistral libro en mano, es cierto que es la norma y es lo cómodo, pero me niego a pensar que el trabajo de un docente sea algo "cómodo" y relajado, todo lo contrario, al igual que un científico, debemos estar al pie del cañón investigando y trabajando por mejorar lo que ya hay, no deja de ser una búsqueda de eficiencia en tu trabajo.
Aunque me estoy refiriendo al profesorado en este post, la innovación educativa exige que el protagonismo sea dado al alumnado, porque realmente hacemos lo que hacemos por ellos.
Un docente ha de ser vehemente aunque inofensivo, hay que pelear por reformar, o buscar nuevas formas de fomentar el aprendizaje significativo de nuestro alumnado, por lo que sí, es necesario innovar.
Os dejo un ejemplo de cómo puede innovarse en la educación:


